Límites con Afecto.

Ser padres y madres hoy en día es una de las tareas más maravillosas que existe, no sólo hoy en día, siempre lo fue, pero creo que HOY, con las características del mundo en que vivimos y los grandes cambios que se dieron en el mundo, este rol se vuelve cada vez más complejo. Los avances de la tecnología hicieron que todo lo que conocíamos cambie de forma, las relaciones interpersonales, la velocidad, el espacio, el tiempo. Antes las cartas que enviábamos a nuestros amigos o familiares que estaban en otro país, tardaban días en llegar, hoy en día tardan un “clic”, para retroceder una película o una casette de música, debíamos esperar y tener mucha paciencia, hoy en día, tarda un “clic”, antes debíamos esperar poder sacar 24 o 36 fotos para poder llevarlas a revelar, lo cual tardaba 1 o 2 días, hoy en día demoramos segundos para ver la foto que acabamos de sacar. Todo era más lento, y todos desarrollábamos la “paciencia” como algo natural. Hoy está instalada la cultura del “llame ya”, de la comodidad y del mínimo esfuerzo.

Los padres de HOY hemos vivido como hijos en un mundo totalmente diferente al que nos toca vivir como padres, es por eso que a veces nos cuesta tanto entender a nuestros hijos, porque ellos vienen con otro chip, y nosotros necesitamos desinstalar los programas que teníamos para reprogramar otros nuevos, que nos ayuden a leer el mundo de nuestros hijos. Los hijos no vienen con un manual de instrucciones, el ser padres se aprende de la experiencia, y la mayoría de las veces repitiendo ciertos patrones que hemos recibido de nuestros padres, pero que hoy en día ya no nos sirven. Necesitamos nuevas maneras que se adapten a las características tanto del mundo  de hoy, como de los hijos.

Nuestros hijos necesitan tener límites en la vida, los límites son pautas de comportamientos esperadas dentro de un contexto dado, y se desprenden siempre de ciertos valores. A veces confundimos los límites con castigos, con autoritarismo o con prohibiciones y violencia. Para poner un límite no es necesario utilizar la violencia ni el castigo, el límite que se pone con cariño, afecto, respeto y amor, es mucho más valioso.

Creo que necesitamos una educación que se base en el amor y el respeto, y cuando hablo de respeto me refiero a respetar sus procesos, sus tiempos, sus ritmos, sus necesidades, sus estilos, sus gustos, sus potencialidades. El respeto viene desde el nacimiento, un nacimiento respetado, un parto respetado en sus tiempos y desarrollos naturales, y luego un crecimiento emocional y físico respetados.

No estamos acostumbrados a hablar de las emociones con nuestros hijos, sería interesante introducir en el lenguaje diario, los nombres de las emociones, existen una amplia gama de emociones, y no las nombramos, ni siquiera las identificamos, las emociones se alojan siempre en el cuerpo, y en cada persona de manera particular.

Preguntarles a nuestros hijos cómo se sienten, y ayudarlos a ponerle nombre a lo que les pasa, ayuda a que se conecten con su cuerpo, a identificar en qué parte sienten esa emoción, ellos no nacen sabiendo los nombres de las emociones, somos nosotros los padres los que les vamos mostrando.

Los niños aprenden lo que viven, lo que ven, y lo que escuchan, un niño que se siente respetado, y que ve que sus padres se respetan, no necesita que le enseñen a respetar. Un niño que recibe agresiones tanto físicas como verbales, no se siente respetado, y por lo tanto probablemente se comporte de manera violenta y no sepa respetar a los demás. Los gritos, los golpes y la violencia no construyen ninguna relación, al contrario, la destruyen, rompen los vínculos y hacen que las personas se alejen en lugar de acercarse.

Un niño que logra estar en contacto con sus propias necesidades y emociones, más adelante será capaz de ver las necesidades de los demás y de entender sus emociones.

El ejemplo juega un papel muy importante, no podemos pedirles que no peguen si nosotros les pegamos, no podemos decirles a los gritos que no griten, pedirles respeto si no los respetamos, o si no respetamos a los demás.

¿Cómo enseñar a los niños a canalizar sus emociones y sentimientos?

Por ejemplo, cuando el niño viene llorando y empieza a tirar todos los juguetes, en lugar de retarles y mandarles a su pieza, lo ideal sería poder ayudarlos a identificar qué están sintiendo, validar su emoción, y mostrarle maneras ¨aceptables ¨de reaccionar o de descargar esa emoción, por ejemplo, le podemos decir: ¨entiendo que sientes rabia, a mi también a veces me sucede, pero no está permitido que tires las cosas, ni que lastimes a otros, lo que podemos hacer es…….. ¨y aquí darles las opciones: pegar un almohadón, correr, bañarse, gritar, tirar pelotas contra la pared, etc. La emoción no es mala en sí misma, lo que hacemos con ella es lo que está mal o bien.

Entonces como padres deberíamos primero ayudarlos a identificar y ponerle nombre a esa emoción, y luego analizar qué podemos hacer con eso, y darle un abanico de posibilidades ¨aceptables ¨pero nunca negar la emoción, porque la emoción es legítima, es válida.

Y siempre que corregimos a nuestros hijos, hagámoslo corrigiendo su ¨hacer ¨, corregir la acción, porque cuando nos metemos a corregir su ¨ser ¨ estamos entrando al terreno de la esencia del niño, y el niño no es malo, no es cabezudo, no es desobediente, no es torpe, el niño hace ciertas cosas, y eso es lo que debemos corregir.

¿Existe alguna forma correcta de que un niño exprese una emoción percibida como negativa?

Partiendo de la base que no hay emociones positivas o negativas, las emociones son válidas en sí mismas y deberían tener la misma aceptación. Las rabietas por ejemplo, son saludables y válidas, de hecho, son una expresión emocional (con la intensidad que caracteriza a la edad), siempre que los padres las aborden de una manera saludable. Lo que sucede a menudo es que los padres tratan de evitar las rabietas porque les produce un rechazo, o por miedo a lo que dirán los que están observando. Si hay una rabieta no pasa nada, lo que importa es cómo la abordamos. Tendemos a catalogar a los niños como malos, si tienen rabietas, y buenos, si no las tienen, muchas veces la represión de una rabieta es la base de la sumisión.

Cuando no aceptamos las expresiones emocionales de nuestros hijos, o las reprimimos, estas emociones no desaparecen, simplemente se transforman, se acumulan, y más adelante suelen salir por otro lado y de forma multiplicada.

La sociedad, más adelante, pide a esos mismos niños que sean adultos innovadores, creativos, independientes, y pro activos, pero desde pequeños los hemos condicionado a todo lo contrario.

De la misma forma como reprimir las emociones es dañino, negarlas es lo mismo, deberíamos evitar las frases como: “no pasa nada”, ya que de ese modo le quitamos valor a lo que sienten, y realmente sí pasa algo, por eso lo está expresando.

La mejor forma de expresar las emociones, es expresándola. Proporcionando alternativas para expresar por ejemplo la rabia, el enojo, etc. Pero nunca negándolas.

Lo importante es validar sus emociones y sentimientos. Simplemente acompañarles diciéndoles por ejemplo: ¨entiendo como te sientes ¨, ¨se que estas enojado o triste por tal cosa ¨, y acompañarles con un abrazo, o haciéndoles saber que estamos disponibles para lo que necesiten.

¿Cuál es la diferencia entre un Castigo y una Consecuencia Lógica?

El Castigo:

  • Es algo “externo” a la conducta del niño, por cada conducta del niño con la que no estamos de acuerdo, tendemos a castigarle de diferentes maneras: mandándole a la pieza a pensar, al rincón, o dándole un golpe. El niño no encuentra una relación entre su conducta y el que le ha sido impuesto.
  • No lleva a un cambio “voluntario” del niño, ya que no hay comprensión.
  • Aparentemente puede haber un cambio de conducta pero solo por temor al castigo, no porque haya habido una comprensión.
  • La responsabilidad de lo que hizo, de su conducta, no es de el niño, es de la persona que lo castiga, es decir, se manifiesta en presencia de “el castigador”
  • No existe el respeto, ya que no hay diálogo, por lo tanto no hay comprensión de los motivos que llevaron a la transgresión.
  • Provoca resentimiento en el niño, ya que no hay respeto por parte de los adultos.
  • No se genera ningún tipo de aprendizaje y es destructivo

Las Consecuencias Lógicas:

  • Como su nombre lo indica, son consecuencias de la conducta del niño, y esto lleva a que el niño tome responsabilidad por lo que ha causado su conducta, por lo tanto, es algo “interno” a su conducta.
  • Favorece el autocontrol.
  • Existe un respeto hacia el niño, perseverando su dignidad.
  • Entiende que el niño está en etapa de crecimiento y aprendizaje, por lo tanto, si tiene conductas destructivas o dañinas, puede aprender de ellas y corregirlas, si estamos ahí los adultos para mostrarles el camino.
  • Se focalizan directamente sobre la conducta específica del niño
  • Dan la posibilidad al niño de reparar el daño ocasionado.
  • Hay aprendizaje de por medio y es constructivo

¿Cómo aplicar una consecuencia Lógica o natural?

Pues, depende de la conducta del niño, si por ejemplo, el niño tiró todos los juguetes al piso porque se enojó, la consecuencia natural de ese acto sería: volver a ordenar todos los juguetes, y eso podemos hacerlo luego de haber dialogado con él y validado su “emoción” de enojo, pero corregimos su “hacer”, no su emoción, lo que hizo fue lo que queremos corregir, y para eso podemos darle muchas opciones de qué hacer cuando está enojado en lugar de tirar todos los juguetes. Podemos decirle: “Entiendo que estés enojado, yo también a veces me enojo, pero no podemos tirar todas las cosas cada vez que nos enojamos, lo que podemos hacer es: comunicar lo que me enoja, salir un rato a correr, saltar, chutar una pelota contra la pared, ir a bañarme, gritar, etc. cualquier cosa que no implique hacerme daño a mi o a otros.

La rabia o el enojo, son emociones con una carga energética muy fuerte que se aloja en el cuerpo y es necesario encontrar la vía de escape, es como si prendiéramos la manguera y tapásemos la punta con el dedo, si no dejamos salir el agua, la manguera puede explotar, bueno, las emociones funcionan de la misma manera, hay emociones que necesitan ser descargadas para que no exploten haciéndonos daño.

Entonces, partiendo de la base, que el niño no sabe cómo descargar esa emoción, a veces ni siquiera sabe qué nombre ponerle a eso que siente, nuestra tarea como padres es mostrarles el camino, ayudarles a ponerle nombre a la emoción, validar sus emociones, sin juzgarlas, y ayudarles a buscar maneras de resolver lo que les pasa.

Y recuerden: Al corregirles, no corrijan su “SER”, corrijan su “HACER”. De esta manera estaremos respetando a nuestros hijos entendiendo que están creciendo y aprendiendo.

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