La crianza desde el Amor y el Respeto

Comparto con ustedes una nota que me hicieron para una revista. Que lo disfruten!

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Antes de empezar a hablar, quiero aclarar que no creo que exista una verdad absoluta y universal con respecto a la crianza, los tiempos van cambiando, las culturas, la información, las necesidades, la manera de ver el mundo, todo cambia todo el tiempo. Por lo tanto creo que la crianza también cambia, y finalmente lo más importante, desde mi sistema de creencias, es que la madre pueda vivir su maternidad desde la conciencia y el amor, conectada a las necesidades de sus hijos, y confiando en su instinto, en su poder de madre. Creo firmemente que si una madre confía en sí misma, le puede transmitir a los hijos esa confianza tan necesaria para su crecimiento emocional en la vida.

Creo que hay tantos estilos de crianza como madres y padres hay en el mundo, y no hay una solo forma de criar bien a los hijos. Pero si creo que hay ciertos criterios que pueden servir de guía a la hora de criar a nuestros hijos.

EL NACIMIENTO y EL PRIMER AÑO

Cuando el bebé nace, pasa de un estado de total contención (el vientre materno, en donde no siente frío, hambre, calor, sed, ni dolores, vive en un contexto húmedo, no tiene que sostener su cuerpo, recibe el sonido amortiguado), a recibir un bombardeo de sensaciones desconocidas para él, recibe a través de sus 5 sentidos todo tipo de cosas extrañas. Lo único que necesita en este momento es: “una atmósfera de seguridad, confianza y amor”.

Los primeros meses de vida son claves para formar la base, el cimiento emocional para el despliegue de la vida del niño. Lo más importante en el primer año de vida es que pueda sentirse seguro, amado, respetado, tenido en cuenta, y con total confianza en sí mismo y en los demás. Los primeros años son el momento clave, el cimiento de la constitución emocional, corporal, afectiva y espiritual.

“Según cómo hemos sido amados, protegidos, resguardados, amparados y tocados, es como desplegaremos nuestra vida futura”. Laura Gutman.

Partiendo de esta premisa, todas las dudas que puedan tener las madres sobre si lo están haciendo bien o mal, pueden hacerse la pregunta: ¿lo estoy haciendo con amor? ¿lo estoy haciendo con confianza? ¿Estoy respetando las necesidades de mi bebé? ¿le estoy prestando atención con cariño y amor? ¿le estoy transmitiendo seguridad? ¿acudo a su llamado amorosamente?… si las respuestas son SI, no importa cómo, o qué estamos haciendo, con total seguridad es lo mejor para el bebé, y seguro lo están haciendo bien.

 

• ¿ Cargar a un niño, lo vuelve más seguro?

Como decíamos anteriormente, el bebé necesita seguridad y confianza, por lo tanto estar en contacto con el cuerpo de su madre lo ayuda a sentirse seguro, ya que ese contacto le brinda el mismo bienestar natural que sentía en el vientre amoroso de su madre. Cuando un bebé no es sostenido la mayor parte del tiempo por algún adulto amoroso, puede llegar a sentirse vacío, traicionado y con miedo. Al no ser atendido y contenido repetidas veces o la mayoría del tiempo, puede experimentar soledad, temor, silencio y termina resignandose a no esperar de su madre o los adultos la satisfacción de sus necesidades básicas (recibir amor, contención, sostén, caricias, miradas amorosas).

El niño que aún no tiene independencia de movimiento, necesita mucho contacto, amor y sostén para poder desarrollar esa seguridad y confianza que necesita para lanzarse al mundo de las relaciones personales. Entonces un niño que recibió esa confianza, ese arraigo emocional y esa contención amorosa, se sentirá seguro para enfrentar las nuevas experiencias, desafíos para la realización personal posterior.

“Los niños necesitan una sola cosa: estar muy cerca del cuerpo de las madres. Todo lo demás es aleatorio. Incluso en medio de acontecimientos difíciles, el cuerpo de la madre sustituye la peor calamidad”. Laura Gutman

 

• Pareciera que cargar al niño es sinónimo de malcriar, ¿qué piensas al respecto?

En la primera etapa de la vida, lo más importante es el “bienestar” del bebé, esto hace la diferencia. Algo que nadie nos cuenta cuando estamos embarazadas, es que una vez que nace el bebé empezamos a compartir el mismo “espacio emocional” con ellos, todavía no se ha convertido en “otro” por más que ya no esté en el útero materno, a este fenómeno se lo conoce con el nombre de “fusión emocional”, lo cual significa que no hay fronteras entre el espacio emocional de la madre y el espacio emocional del niño. No es posible identificarlos separadamente.

Así que la respuesta a tu pregunta es: tengo la creencia de que cuanto más tiempo el bebé esté pegado a la madre, más seguro y confiado se volverá. Lo que yo entiendo por la palabra “malcriar” es: no atender a las necesidades de nuestros hijos, dejarlos solos, no respetarlos. Así que, no creo que una madre que está constantemente alzando a su hijo lo esté malcriando, creo que por el contrario, le está brindando amor, seguridad y confianza.

Luego del nacimiento, donde el bebé abandona ese estado de bienestar total que le ofrece el útero materno, solamente necesita una cosa: “los brazos de su madre”, esto le ayudará a organizar la cantidad de sensaciones nuevas con las que se encuentra fuera del útero, desde: pasar de un estado líquido a uno seco, empezar a respirar a través de sus pulmones, regular la temperatura de su cuerpo, cambiar de postura y mantener la cabeza erguida, escuchar el sonido de forma diferente, etc.

 

• ¿Y si un niño que ya no es un bebé, a los 2 o 3 años te pide que le alces en brazos?

Nadie pide lo que no necesita. Si un niño te pide que lo alces en brazos, es porque lo necesita en ese momento, ya sea porque está necesitando la seguridad y contención de un adulto, porque se siente inseguro, a lo mejor no tuvo suficiente cuando era pequeño, no importa el motivo y tampoco importa si ya es grande o no parece adecuado para su edad, si lo pide es porque lo necesita.

Por suerte el niño tiene la capacidad de pedir y de solicitar algo que necesita a nivel emocional (caricias, abrazos, besos, que se lo alce en brazos, tiempo de contacto, etc), así mismo, los adultos deberíamos desarrollar la capacidad de leer esos mensajes y dar respuesta, y evitar las frases del tipo: “ya sos grande para esto”, o preocuparnos porque nos parece que tiene un problema o una regresión. Esto es tan simple: “el niño pide lo que necesita”, y lo mejor que podemos hacer los adultos es responder amorosamente a su pedido.

 

• ¿ Es recomendable que el bebé duerma con los padres?

Hay familias que optan por traer al bebé a dormir a la cama matrimonial (colecho), algunas porque es más práctico o más agradable, o porque es más fácil. Existe una presión muy grande al respecto, hay teorías que dicen que eso está mal, que hay que acostumbrarlo a su cuna, para que sea más independiente, o le producirán algún trauma psicológico.

Pero la respuesta es NO, no está mal que el bebé duerma con los padres, si la decisión es tomada libremente por los padres, ya sea porque así duermen mejor, o porque el bebé solo se calma cuando está con los padres, o porque los padres descansan más, sea por lo que fuera, la decisión es lo mejor para el bebé y los padres, entonces es la mejor decisión.

Si por el contrario, el bebé duerme mejor en su cuna, además la cama de los padres es chica y no duermen cómodos con el bebé en el medio, y si libremente eligen que duerma en la cuna porque es lo mejor para todos, pues también es la mejor decisión.

De todas maneras, hay que tener en cuenta que cuando el bebé nace, todavía no está preparado para dar un salto al vacío, a una cuna fría y sin contacto, sin sensación de vida. Necesita que sus necesidades básicas sean cubiertas y atendidas con cariño. Y cuando esas necesidades básicas no son atendidas, el bebé se resigna y aparecen el miedo y el enojo, y más adelante, cuando sea más grande, se convertirá en alguien con desconfianza, y sin arraigo emocional.

La mejor decisión es aquella que es tomada libremente y sin presiones por los padres porque sienten que es lo mejor para el bebé y para ellos. No hay recetas mágicas, es cuestión de que la decisión sea tomada según las necesidades del niño y de los padres, desde el amor y el respeto.
• Antes se buscaba que los niños estuvieran hasta los 5 o 6 años en su ambiente familiar y ahora se los lleva al jardín ya a los 2 años para que socialicen. ¿Qué es lo mejor?

Los tiempos cambiaron, hace 50 años casi ningún niño iba a la guardería, y de igual manera aprendían a hablar, a escribir, a sumar y podían socializar. Hoy en día, la mayoría de las madres trabajan y necesitan dejar a sus hijos en la guardería cada vez a más temprana edad. Hay padres que creen que el niño necesita ir a la guardería para poder socializar, aprender más, etc. Hay madres que hacen un enorme esfuerzo económico para enviar a sus hijos a la guardería aunque no trabajen.

Como ya he dicho antes, creo que la mejor decisión es la que se toma con conciencia y en confianza, creyendo que es lo mejor para el niño. Depende mucho del desarrollo evolutivo emocional del niño. Un niño que ha recibido la contención emocional y las respuestas a sus necesidades básicas de seguridad y confianza con la madre o algún adulto amoroso, es un niño que aprendió la importancia del vínculo con otra persona y se siente seguro y tranquilo, así que está preparado para poder relacionarse con otros adultos y otros niños.

Sin embargo, la separación de dos personas que están unidas por un vínculo amoroso la mayoría de las veces produce intranquilidad en ambas. En la medida en que la madre muestra confianza en la decisión de llevarlo a una guardería, y tiene confianza tanto con el lugar como con las profes, el niño va a percibir esa seguridad de la madre y le resultará mucho más fácil quedarse.

Es normal que los primeros días llore, ya que se produce un efecto similar al nacimiento, el niño pasa de un ambiente conocido (la casa) a uno desconocido, con personas desconocidas, olores desconocidos, ruidos y cosas desconocidas, entonces vuelve a necesitar lo mismo que necesitaba de la madre al nacer: seguridad y confianza, sólo que ahora por parte de las profesoras. Cada niño tiene su proceso y ritmo de adaptación y es importante respetarlo, algunos enseguida se sienten seguros y se integran, y otros necesitan más tiempo.

Seguramente el niño que vive esta separación de la madre, necesite un contacto físico y verbal especial para volver a tranquilizarse y sentirse seguro, y a lo mejor pida más tiempo de contacto por la tarde o por la noche.

 

• ¿Qué pensas sobre el tema del castigo físico o eso de premiar la conducta de los hijos?.

Desde mi sistema de creencias, el castigo es innecesario en la educación de los hijos, la palabra “castigo” está relacionada siempre a algo “malo”, y creo que esto no impulsa a aprender ni construye nada.

Además, pienso que el castigo casi nunca está vinculado al hecho. Por ejemplo: le pegó a su hermana, y le mando a su pieza, tiró los juguetes, y le mando a su pieza, no quiso comer la cena y le mando a su pieza. Está totalmente desconectado el hecho con el castigo, por lo tanto es muy difícil que haya aprendizaje.

Se pusieron de moda muchas formas nuevas de castigo, como por ejemplo “la sillita de pensar”, tanto en las familias como en los colegios, el mensaje que le transmitimos con este sistema es que “pensar es un castigo”, ¿acaso los niños que se portan bien no piensan? Creo que somos los padres y los maestros los que tenemos que pensar más antes de meter la pata. Lo que pasa con el castigo o la silla de pensar es que son soluciones fáciles y rápidas, y lastimosamente los adultos tendemos a elegir siempre lo más rápido en lugar de pasar más tiempo con nuestros hijos, escucharlos, prestarles atención, y mostrarles más confianza.

Con respecto a “los premios” pasa lo mismo, está desconectado del hecho, “si sacas buenas notas te compro un helado” y por lo tanto, “si sacas malas notas no te compro helado” (castigo).

Con los premios le acostumbramos a nuestros hijos a hacer algo para recibir algo a cambio, los premios rebajan la calidad moral del acto, ya que se hace las cosas para obtener algo, si le pedimos a nuestros hijos que ordenen el lugar donde jugaron, pueden sentirse orgullosos porque ha hecho algo por sí solos, y le podemos comentar que es agradable ver los juguetes ordenados y más fácil de encontrar las cosas. Sin embargo si les decimos: “si ordenas el lugar de juegos te llevo al cine, o te cuento un cuento”, el niño aprende que solamente cuando recibe algo a cambio vale la pena ordenar.

Y los padres deberíamos cuestionarnos: ¿Me siento bien premiando a mi hijo para que haga algo? ¿no sería mejor llevarlo al cine, o contarle un cuento porque disfruto de su compañía, o porque me gusta pasar tiempo con él?. Ese es el mensaje que necesitan nuestros hijos, saber que disfrutamos de su compañía, que el tiempo que pasamos con ellos es valioso y no se compra ni se vende.

Creo que los premios son inútiles y muchas veces contraproducentes. El premio sólo sirve cuando la oferta está en vigor, cuando se retira el premio hay un efecto rebote, y se vuelve al nivel anterior.

El premio y el castigo son “motivaciones externas”, es decir, se encuentran afuera de la persona, y no dependen de ella. El premio hace que el niño se pierda la maravillosa experiencia de sentir la “motivación interna”, de sentir que hacemos las cosas porque nos gusta, porque tenemos ganas, porque nos da mucha alegría hacerla, porque se nos ha ocurrido la idea, eso hace que lo hagamos más y mejor.

Una buena manera de corregir o guiar a nuestros hijos cuando tuvieron una conducta que no es aceptada, es pensar en cuál sería la “consecuencia lógica” de su acto. Por ejemplo: el niño desordenó su cuarto de juegos tirando todos los juguetes, la consecuencia lógica sería: volver a arreglar su cuarto, incluso podemos mostrarle y ayudarle a ordenar pero permitiendo que él también lo haga. Si le pegó a su hermana, la consecuencia lógica sería reparar la relación con ella, y la respuesta puede salir del mismo niño. Si el niño no come, en lugar de enviarlo a su cuarto u obligarlo a comer, la consecuencia lógica sería que más tarde tendrá hambre, y en ese momento puede comer. Esta manera de educar, sin dudas lleva más tiempo y creatividad por parte de los padres, pero estoy segura que genera aprendizaje en los niños.

 

En conclusión: Creo que cada vez que nace un niño, nace una madre y un padre. Si aprendemos a mirar a nuestros hijos desde el amor y el respeto como seres humanos, a brindarles cariño, amor, contención, caricias, a no dejarlos llorar, a alzarlos cuando necesitan, a besarlos y a decirles cuanto los queremos, estoy segura que criaremos hijos felices, seguros y confiados.

6 comentarios en “La crianza desde el Amor y el Respeto

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