“Cambia tu forma de ver las cosas, y las cosas cambiarán”

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Una frase de Wayne Dyer que nos invita a ver la vida con otros ojos

Últimamente, me encontré mucho con esta frase, y la empecé a analizar y a encontrar sentido observando nuestra realidad, nuestras costumbres, nuestros estilos de vida, nuestra cultura, y por sobre todo nuestras maneras de ver las cosas, de ver la vida, de ver el mundo.

 Tengo el privilegio de estar participando de un taller de escritura creativa virtual, y una de mis tareas era convertirme en etnógrafa por un rato, etnografía es la ciencia de la diversidad cultural, se enfoca en el conjunto de las creaciones de todo tipo de los grupos sociales humanos, entonces me toca ir observando la vida como si estuviera de visita en este país por primera vez, con ojos de viajera. Y esto me llevó a sorprenderme de varias cosas, actitudes o costumbres que tenemos como tan “naturalizadas” que casi pasan como la única manera de hacer o de ver las cosas. Y yo me incluyo en varias de ellas.

 Me sorprende por ejemplo, la mirada que tenemos hacia las personas con las que dejamos a nuestros hijos, las “niñeras” o “nanas”, los términos o frases que escucho o leo con frecuencia me asustan, por ejemplo: “son un mal necesario”, o “son de terror”. Me produce mucha tristeza que nos refiramos a otro ser humano como un “mal”, sobre todo si son estas personas con las que “decidimos” dejar a nuestros hijos, probablemente, lo más preciado que tenemos en la vida. ¿Qué paradójico no? Voluntariamente decidimos (por que nadie nos obliga) a dejar a nuestros hijos con estas personas a las cuales no valoramos, a veces las denigramos, y la remuneración que reciben a veces no es la adecuada.

 Si pudiéramos cambiar la forma de mirarlas!, si pudiéramos mirarlas como “personas” y no como “objetos” que nos sirven hoy para una supuesta necesidad imperante, ellas son tan dignas de respeto como cualquiera, son seres humanos con una experiencia de vida legítima y válida, y se merecen que las miremos con respeto, con confianza, creyendo en ellas, apostando por ellas, acompañándolas en su proceso.

 Estoy segura que si cambiamos la forma de mirarlas, estaríamos cambiando la realidad, estaría bueno empezar a creer que somos nosotros quienes creamos la realidad en que vivimos, en la medida en que miremos de formas diferentes las cosas o la vida, vamos a generar un cambio.

 Y lo que me sorprende aún más es la nueva moda de tener una enfermera para el recién nacido, pero no me sorprende sólo eso, lo que más me genera angustia, es la desesperación en la que entran algunas madres por conseguir una enfermera antes de que ni siquiera nazca el hijo. ¿Cuál es el temor? ¿qué pasa que no podemos compartir un tiempo completo con nuestros bebes? ¿qué pasa que nos desespera tanto no contar con ayuda para ese momento? El nacimiento de un hijo es una de las cosas más milagrosas, hermosas e incomparables del mundo, ¿por qué nos cuesta tanto apropiarnos de ese momento, como madres, y volcar todo nuestro tiempo, amor y dedicación a esa personita que vino al mundo porque nosotros decidimos traerlos?, ese vínculo que se genera en los primeros meses de vida entre la madre y el bebe es “el vínculo” que nos mantendrá unidos a nuestros hijos de por vida, ese nivel de intimidad y relación creo que no se experimenta nunca más en otras edades, en esos primeros meses, las madres y los bebes comparten el mismo espacio emocional, y esto es tan poderoso y tan grande, que nadie más puede suplir o reemplazar ese espacio, ni la enfermera más capacitada del mundo. ¿Por qué sentimos esa necesidad de contratar a alguien para que nos reemplace? ¿cuál es nuestro miedo? ¿con qué ojos estamos mirando esta etapa de la vida? Es sólo un tiempo que el bebé necesita el 100% del amor y la atención de la madre, para formar las bases que lo van a sostener en la vida, necesita sentirse seguro, amado y en confianza, para integrarse a la vida, y esa base es emocional, sólo se construye en los primeros meses. Si pudiéramos ver lo esencial de todo esto, cambiaríamos nuestras costumbres, nuestras formas, nuestros estilos. Pospondríamos por un momento nuestras necesidades del ego, para disfrutar de esa intimidad que no tiene precio, no tiene comparación y no se vende, tampoco se compra.

 Estamos pagando una fortuna en enfermeras que cuiden a nuestros bebes recién nacidos, por algo que nosotras como madres tenemos gratis y de una calidad única, irrepetible, irreproducible, incomprable. Nada ni nadie puede reemplazar el amor de una madre.

 Si cambiamos la forma de mirar nuestra maternidad, nuestra relación con nuestros hijos también cambiará, y más adelante, en la adolescencia no nos quejaremos porque nuestros hijos no nos tienen confianza, porque no nos hablan, porque no creen en nosotros. Estas bases, estos vínculos se construyen al inicio de sus vidas, en esos primeros meses, si esa base emocional fue fuerte, rica y llena de amor, esa arquitectura no se desmoronará.

 Tenemos la creencia también de que si estamos mucho con el bebé, lo estamos malcriando, que es bueno dejarlo llorar para que aprenda, y yo me pregunto, ¿para que aprenda qué cosa? ¿Qué su llanto no me importa, que sus necesidades no son de mi incumbencia? ¿qué es lo que quiero que aprendea al dejarolo llorar? Una vez alguien me dijo, y se me quedó grabado, ¿acaso si vos llegas a tu casa y le ves a tu esposo llorando, lo dejas llorar para que aprenda?, creo que nadie va a hacer eso. Y ¿por qué al niño sí le hacemos eso? A una persona mucho más indefensa, con menos herramientas, y con más necesidad de amor sí le hacemos.

 El exceso de amor nunca es malo, el exceso de cariño y de atención tampoco. Confundimos mucho el “exceso de amor” con “sobreprotección”, y creo que la sobreprotección si puede generar cuestiones no tan constructivas, porque el mensaje que les damos cuando les sobreprotegemos es: “vos no podes”, “dejame hacer a mi por vos”, si hago algo “por vos” es que creo que vos no tenés la capacidad de hacer, y te anulo, te descalifico. Y muchas veces los padres porque estamos apurados, o porque somos perfeccionistas, hacemos muchas cosas “por ellos” para hacerlo más rápido o más perfecto, pero lo que estamos haciendo es desvalorizando a nuestros hijos, y diciéndoles entrelíneas que no creemos en ellos. Sé que todos los padres hacemos siempre lo mejor que podemos, pero si viviéramos más conscientes de los impactos que tienen nuestros actos y nuestro lenguaje en nuestros hijos, creo que podríamos construir un mundo mejor para ellos y para nosotros.

 

“Cambiemos la forma de ver el mundo, y el mundo cambiará”

Un comentario en ““Cambia tu forma de ver las cosas, y las cosas cambiarán”

  1. Hermoso pati, totalmente de acuerdo!! La mejor etapa con nuestros hijos! Que dios nos de salud para poder estar mucho tiempo más ahí con ellos!!
    Gracias señor!!

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